El quinto pilar: por qué aislar una casa no basta
En Chile hay programas de vivienda que están haciendo bien las cosas. Programas que llegan a barrios reales, intervienen casas reales y mejoran de verdad cómo se vive el invierno adentro. Vale la pena decirlo antes que nada, porque lo que viene no es una crítica a ese trabajo: es una pregunta que se desprende de él.
Estos programas de rehabilitación térmica suelen apoyarse en cuatro ejes que trabajan en simultáneo:
• Mejoramiento de la envolvente — aislar muros, techos y pisos para que el calor no se escape.
• Control de infiltraciones de aire — sellar las rendijas por donde entra el frío.
• Ventilación controlada — renovar el aire sin perder temperatura.
• Prevención de condensación — evitar la humedad que genera hongos en los muros.
Son cuatro pilares sólidos, bien pensados y respaldados por evidencia. Una casa que pasa por esta intervención queda mejor preparada para enfrentar el invierno que la mayoría del parque habitacional chileno, donde —según cifras recientes— cerca del 72% de las viviendas no tiene aislación térmica en sus muros.
Pero si uno mira los cuatro pilares con calma, aparece un patrón: los cuatro son sobre conservar el calor. Ninguno es sobre generarlo.
La pregunta que falta
Aislar, sellar, ventilar y prevenir condensación son todas formas de cuidar el calor que hay dentro de una casa. Pero ese calor tiene que venir de algún lado. Y ahí está el eslabón que estos programas, por diseño, no abordan: la fuente de calefacción.
De nada sirve tener una casa perfectamente aislada si adentro no hay una manera eficiente y digna de producir calor. Una vivienda bien sellada pero mal calefaccionada sigue siendo una vivienda fría — solo que ahora conserva mejor el poco calor que logra generar.
Este no es un detalle menor. Estudios de temperatura en viviendas chilenas han mostrado que los hogares pasan cerca de una quinta parte del invierno por debajo de los 16°C, el umbral bajo el cual la salud de los grupos más vulnerables empieza a resentirse. Y varios de esos estudios apuntan a lo mismo: las temperaturas bajas sugieren que la calefacción disponible no está siendo suficiente.
Un reconocimiento honesto: la envolvente va primero
Antes de proponer nada, hay que reconocer algo que estos programas hacen bien y con razón: primero se baja la demanda, después se piensa en la fuente.
Tiene toda la lógica. Poner un buen sistema de calefacción en una casa que pierde calor por todas partes es como llenar de agua un balde con hoyos: se gasta mucho para lograr poco. Aislar primero significa que, cuando llegue el momento de calefaccionar, se necesitará mucha menos energía para lograr una casa cálida. El orden es correcto.
El problema no es el orden. El problema es que, en la práctica, el segundo paso muchas veces no llega nunca — o llega por un camino completamente separado.
El verdadero problema: la fragmentación
Aquí está el punto de fondo. En Chile, el Estado sí interviene la calefacción de los hogares. Existen programas de recambio de calefactores, por ejemplo, que buscan reemplazar equipos contaminantes por otros más limpios.
Pero esos programas viven aparte de los de rehabilitación térmica. Una casa puede ser aislada por un programa, y su sistema de calefacción atendido por otro distinto, sin que nadie coordine ambas cosas ni verifique si, al final del día, la casa quedó efectivamente habitable.
Y esto no es una opinión de quien escribe. Es exactamente lo que la propia literatura especializada en pobreza energética viene señalando: que la fragmentación entre programas es una barrera estructural. Se interviene por partes, cada institución hace bien lo suyo, pero nadie se hace cargo del resultado completo: una casa que la familia pueda habitar con dignidad en julio.
El quinto pilar: mirar la casa completa
Si los cuatro pilares actuales se preocupan de conservar el calor, el quinto debe preocuparse de generarlo — y de hacerlo de forma integrada, no como un trámite aparte. Que cuando una casa se rehabilita térmicamente, la pregunta por cómo se va a calefaccionar —con qué eficiencia y a qué costo para la familia— sea parte del mismo proyecto, y no algo que queda para después y para otra oficina.
No se trata de elegir una tecnología por sobre otra. Se trata de que exista alguien que mire la casa completa y responda una sola pregunta: cuando termine el invierno, ¿esta familia vivió en una casa cálida, o solo en una casa bien aislada que siguió pasando frío?
Este artículo es parte de nuestra reflexión sobre habitabilidad y calefacción en Chile. Nos interesa aportar a una conversación que creemos urgente: cómo lograr que las casas no solo conserven el calor, sino que sean realmente cálidas para quienes las habitan.
